Ayer tuve una bonita sesión con uno de mis pacientes más peques, de 5 años. En ella dibujamos a nuestros monstruos y hablamos de ellos. Su monstruo le deja cartas para recordarle que está presente, pero él nunca lo llega a ver porque vive escondiéndose. El pequeño tiene miedo por las noches porque, como no hay luz, no puede ver al monstruo. Aunque… pensando y pensando, descubrimos que realmente nunca puede verlo, y que este dichoso monstruo no quiere dejarse ver. Así que, juntos, llegamos a una gran conclusión: ¡Vaya monstruo tan cobarde! Y como nosotros somos más listos que ese monstruo, construimos juntos una trampa para cazarlo y que no moleste más. Os enseñaría una foto de la trampa, pero es que hicimos un conjuro con unas palabras mágicas para hacer la trampa invisible a ojos de los demás…

 monstruo

El que veis en la foto es el monstruo de mi paciente, que está contento porque le gusta dedicarse de asustar. Pero nosotros estamos más contentos porque ya no nos vamos a dejar asustar más por él!

¿Habéis dibujado alguna vez a vuestros monstruos? Los monstruos no son sólo una cuestión de niños. Todos tenemos nuestros propios monstruos, nuestros miedos, nuestras vergüenzas, incluso nuestros síntomas… A veces hay que decirles que no les tenemos miedo, que somos más fuertes que ellos, y que sabemos que sólo están ahí porque no hemos sabido defendernos. ¡Puedes construir tus propias trampas caza-monstruos!

 

Saludos,

 

Eva Molero

Psicóloga colegiada 20.974

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