Muchas decepciones son causadas por las expectativas previas que nos creamos, en que proyectamos en los demás nuestras ideas, deseos o necesidades. A propósito de las expectativas, hoy os traigo un fragmento del último libro de Giorgio Nardone, “Psicotrampas”.

“La psicotrampa que se observa con mayor frecuencia en cualquier época de la historia humana es la tendencia a atribuir a los demás nuestras percepciones y convicciones, y esperar de ellos nuestras mismas acciones y reacciones. Pero si se tiene en cuenta el simple hecho de que cada organismo individual ha evolucionado a través de experiencias diferentes y está dotado de características biopsicológicas totalmente originales e irrepetibles, esta atribución no tiene ningún sentido. 

En realidad, si pensamos que cada ser humano construye su propio comportamiento y su propio pensamiento atribuyendo a los sucesos nexos causales y características formales establecidas en gran parte por autoengaños, esquematizaciones reductivas y convicciones rígidas, esta psicotrampa parece del todo racional. A quien se ha hecho una idea de lo que es justo e injusto, y ha elaborado una serie de valores ético-morales que respetar porque han demostrado ser beneficiosos para él mismo y para los demás según su propia experiencia, le cuesta mucho imaginar otros modos alternativos de pensar y gestionar la vida. Así, frente al comportamiento diferente de los demás, puede que de alguien en quien se ha depositado mucha confianza, estas personas entran en una profunda crisis. Sin embargo, tan desilusión -o sufrimiento- es sólo la consecuencia más banal de esta psicotrampa. La situación se vuelve trágica cuando, al tomar decisiones importantes o verse frente a situaciones de riesgo o de gran implicación afectiva y emotiva, esperamos que los demás hagan exactamente lo mismo que haríamos nosotros en su lugar: en este caso, antes de la desilusión tendremos que afrontar los efectos indeseados, y a veces pesados, de las acciones basadas en expectativas equivocadas. Por desgracia, esta psicotrampa se extiende a casi todas las esferas de nuestra existencia y suele ser fuente de fracasos y amargas desilusiones; además, puede generar formas graves de depresión, o reacciones de rabia y agresividad fuera de control. 

En efecto, podemos ser víctimas de nuestras expectativas erróneas, no sólo con respecto a los demás y a “cómo va el mundo”, sino también en lo referente a nosotros mismos, algo que ocurre a menudo. Basta con pensar en cuántas veces hablamos de lo que deberíamos hacer y después hacemos otra cosa de forma espontánea; o cuando, bajo cierta presión emotiva, optamos por algo menos engorroso y estresante. Dese un punto de vista cognitivo, esta psicotrampa se basa en la escasa capacidad de adoptar puntos de vista diferentes a la hora de evaluar la realidad. Nos aferramos con firmeza a convicciones y creencias que nos transmiten seguridad cuando en verdad, como ya hemos visto, no se trata sólo de elecciones conscientes: la mayoría de las veces son posiciones adoptadas según percepciones y sensaciones no propiciadas por la razón, sino por las emociones del momento o por la asociación, a menudo inconsciente, con experiencias precedentes. Por tanto, no basta con saber pensar bien para evitar caer en esta trampa mental.”

Un saludo,

Eva Molero 

Psicóloga colegiada 20.974

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