Cuando llenamos nuestra vida de cosas que nos dejan vacíos…

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No son pocos los casos que me encuentro en consulta de personas que, tras haber perdido su trabajo, su pareja, su casa, sienten un gran vacío. Y hasta aquí, no estoy diciendo nada nuevo. Para los que sepan un poco o mucho de psicología y de momentos vitales, saben que al sentimiento de vacío posterior a una pérdida (cualquier pérdida, no tiene que ser la muerte de alguien querido) se le llama duelo. Pero este no es el tema del que quiero hablar hoy (ya abordaré temas de duelo en posteriores entradas), sino que quiero hablar de la gente que se define en base a lo que tiene, no a lo que es.

Este post lo ha inspirado unos de mis pacientes, un joven que, aunque acudió a mi consulta en un principio por otra demanda, durante el proceso terapéutico se quedó sin trabajo. Y no sólo sin trabajo, sino que eso le supuso perder su coche y su casa, por lo que tuvo que volver a vivir con sus padres. Obviamente, son varios golpes duros que cuesta asimilar (y no siempre es necesario acudir a un psicólogo para asimilarlos, que conste), pero a raíz de ahí, mi paciente empezó a sentir un gran vacío y, al hacer un ejercicio en consulta sobre quién y cómo soy yo, no sabía definirse. Se sentía una persona inútil ya que no estaba haciendo lo único que había hecho hasta el momento: trabajar. Antes de todas estas pérdidas, se definía en base a sus logros profesionales y económicos, y en base a lo que todos los de su alrededor le decían. Sin embargo, a raíz de estas pérdidas, se dio cuenta de que no sabía quién era, no sabía definirse si no era en base a logros y adquisiciones. Al principio, le costó entender el ejercicio que le proponía, ya que afirmaba que todos somos lo que tenemos al rededor y lo que poseemos (y sí, son cosas muy importantes en nuestras vidas, pero no las que nos definen). Le dibujé varios círculos en forma de diana. En el centro estaba él; el siguiente círculo era su pareja y su familia; el siguiente los amigos; el siguiente el trabajo; el siguiente la casa, el coche,… Supo decir quién era en todos los círculos, menos en el menos importante: el del centro. Se quedó sorprendido al ver que había intentado llenar ese vacío que había en el centro, de tantas cosas, que había perdido la esencia de quién era. Resulta que, eso nos llevó de nuevo al motivo de consulta inicial, y a los síntomas de ansiedad y depresión que tenía, debidos al miedo de conocerse a sí mismo.

A lo largo de las sesiones, he ido observando en mi paciente un cambio. Ha descubierto que el hecho de trabajar o no, no lo define como útil o inútil en la vida. Ha empezado a llenar sus horas muertas de momentos para él, en los que ha visto que puede hacer muchas cosas que no dependen del dinero ni del prestigio. Además, ha frenado su ritmo de vida y eso le está permitiendo valorar otros caminos a tomar (en el ámbito profesional y personal). Estoy orgullosa de mi paciente, y de su proceso terapéutico (en el que aún continuamos), y de que haya hecho ese primer cambio que le permitirá ver una infinidad de posibilidades en su vida.

Os he hablado de este paciente, pero os podría haber hablado de mucha gente que no va a la consulta de un psicólogo y se siente así. Os podría haber hablado incluso de mí, quién necesita a veces reducir la velocidad de su vida y pararse a pensar qué está haciendo y si va en la dirección adecuada.

Os invito a hacer el ejercicio que hice a mi paciente. Y no sólo una vez, sino id revisándolo a lo largo de vuestras vidas. En el momento que observéis que hay un vacío en el centro de ese círculo, paraos a pensar si el rumbo que ha tomado vuestra vida es el que os hace felices.

Eva Molero
Psicóloga colegiada 20.974

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